Saludos cordiales una vez más amigos, hermanos, compañeros de trabajo, familia spiritual, e hijos de Dios dispersos desde aquí en la Costa del Golfo en el sur de Alabama. Mi esposa y yo oramos y esperamos que estén bien y que su semana haya sido bendecida.
Disfrutamos de una grata visita con familiares y hermanos en Aransas Pass, Texas, y ya estamos de regreso en casa y en nuestras oficinas.
Durante mi estancia en Texas, reflexionaba sobre la gran bendición de que Dios nos haya llamado a ser Sus hijos especiales, con el potencial de llegar a ser hijos espirituales en Su propia familia. “¡Mirad qué amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios! … Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:1-2).
Es otra bendición formar parte de ese grupo de llamados que constituyen la “ekklesia”, es decir, la Iglesia de Dios, y poder reunirnos, ya sea en congregaciones locales o a través de transmisiones por internet, como pequeñas familias dispersas que conforman una gran familia con Dios como nuestro Padre. Me siento continuamente animado al conectar cada semana con más miembros de nuestra familia espiritual dispersos por diversas partes de Su cuerpo, tanto en esta nación como en el resto del mundo. ¡Su familia está viva y busca Su voluntad!
Al regresar de nuestro viaje, poco después de volver a Alabama, recibí una llamada de un miembro de la Iglesia de larga trayectoria que, a sus 85 años, seguía tan entusiasmado como cuando se bautizó a principios de la década de 1970.
Reflexioné sobre cómo nuestro Padre Celestial expresó su amor por la humanidad en general y su deseo de que la humanidad cumpliera el destino que les había destinado. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). La palabra griega traducida como “amó” en este versículo es el verbo “agapao”. Esta es la palabra que con mayor frecuencia se traduce como “amor” o “amar” en las Escrituras griegas. Como hemos estudiado anteriormente, “agapao” se utiliza para referirse al amor hacia Dios Padre, hacia Cristo, hacia las personas e incluso hacia los objetos.
Examinemos nuevamente el relato de Juan 21, donde se describe una interacción entre Jesús y el apóstol Pedro.
Jesús había preparado un desayuno para los discípulos mientras ellos pescaban en el mar de Galilea. No habían pescado nada tras haber estado faenando toda la noche.
Como he pescado mucho tanto en agua dulce como salada a lo largo de las décadas, ¡sé muy bien lo que es eso! No solo pone a prueba la paciencia, sino que resulta agotador, ¡y uno suele sentir hambre al amanecer!
Cuando estuvieron lo suficientemente cerca para oírle, Jesús les indicó que echaran la red por el lado derecho de la barca. Tras hacerlo y lograr finalmente izar una red repleta de peces, desembarcaron y disfrutaron de un delicioso desayuno a base de pan fresco y pescado asado.
Hace muchos años hice algo muy parecido en Guatemala, pero en lugar de pan usamos tortillas asadas en una parrilla improvisada en la playa. En este relato, después de comer, Jesús habló personalmente con Pedro. Parece que los otros discípulos también estaban allí y escucharon la conversación. “Cuando hubieron desayunado, Jesús dijo a Simón Pedro: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que a estos?’. Él le respondió: ‘Sí, Señor; tú sabes que te amo’. Jesús le dijo: ‘Apacienta mis corderos’” (Juan 21:15). En el texto bíblico, la palabra que Jesús utilizó para “amar” es “agapao”. No se sabe con certeza si Jesús habló con Pedro en arameo o en griego; el relato está escrito en griego. La palabra que Pedro utilizó para “amar” aparece registrada en griego como “phileo”. Una vez más, desconocemos qué idioma se empleó realmente en esta conversación.
Como dato curioso, a lo largo de los años he escuchado muchas explicaciones distintas sobre a qué se refería Jesús con la expresión “estos”en Juan 21:15.
Los eruditos debaten el significado exacto de “estos”, ya que el pronombre es ambiguo en el texto griego original. Dicho esto, los teólogos suelen señalar tres posibilidades distintas sobre a qué se refería Jesús con “estos” en su pregunta:
1) Más que su oficio de pescador: Amar a Jesús más que a su antigua vida, a sus barcas, a sus redes y al medio de vida al que acababa de regresar.
2) Más que a los otros discípulos: Preguntar si Pedro amaba a Jesús más de lo que le amaban los otros discípulos, especialmente dado que Pedro había presumido anteriormente de que nunca abandonaría a Jesús.
3) Más que a sus compañeros: ¿Preguntar si Pedro amaba a Jesús más de lo que amaba a sus amigos íntimos y compañeros pescadores?
Personalmente, creo que lo que quiso decir fue: “¿Me amas más que a estos peces que acabas de disfrutar?”.
Jesús repite la pregunta, tal como se registra en el versículo 16. Se utilizan las mismas palabras griegas para referirse al amor que en el versículo 15. Luego, en el versículo 17, Jesús emplea la palabra “phileo”, según consta en el texto griego. Ha habido diversos comentarios sobre las implicaciones de que Jesús utilice “agapao” al principio y luego cambie a “phileo”; a menudo, se describe el amor que Pedro sentía en aquel momento como deficiente de alguna manera.
¿Podría haber otra forma de explicar estos versículos? El siguiente análisis de los versículos de Juan 21 se encuentra en el “Diccionario bíblico de Easton” (versión electrónica), bajo la entrada “Amor”.
“Esta palabra parece requerir explicación únicamente en el caso de su uso por parte de nuestro Señor durante su encuentro con “Simón, hijo de Jonás”, tras su resurrección (Juan 21:16, 17). Cuando nuestro Señor pregunta: “¿Me amas?”, utiliza la palabra griega “agapas”; y cuando Simón responde, emplea la palabra griega “philo”, es decir, “amo”. Este es el uso que se da en la primera y la segunda pregunta formuladas por el Señor; sin embargo, en la tercera, el Señor utiliza la misma palabra que Simón. La distinción entre estos dos términos griegos es descrita acertadamente por Trench de la siguiente manera: “‘Agapas’ conlleva más juicio y elección deliberada; ‘phileo’ implica más apego y un afecto personal particular. Así, el ‘¿Me amas?’ (gr. “agapas”) en labios del Señor le parece a Pedro, en ese momento, una palabra demasiado fría, como si su Señor lo mantuviera a distancia o, al menos, no lo invitara a acercarse tal como él deseaba hacerlo en aquel instante, impulsado por el anhelo apasionado de su corazón. Por ello, deja de lado esa palabra y la sustituye por su propio “amo” (gr. “philo”, que expresa mayor intensidad. Repite la misma acción una segunda vez. Y finalmente triunfa; pues cuando el Señor pregunta por tercera vez si le ama, lo hace utilizando la única palabra que satisface a Pedro (“¿Me amas?”, gr. “phileis”), la única que reclama de él ese apego y afecto personal con el que, en verdad, sabe que su corazón está lleno’”.
Creo que vale la pena considerar esta explicación. Aunque el verbo griego para “amor” que se utiliza con mayor frecuencia es “agapao”, existen varios versículos donde se emplea “phileo” de una manera significativa e instructiva. “Porque el Padre ama (“phileo”) al Hijo, y le muestra todas las cosas que Él mismo hace; y le mostrará obras mayores que estas, para que vosotros os maravilléis” (Juan 5:20). “Pues el Padre mismo os ama (“phileo”), porque vosotros me habéis amado (“phileo”) y habéis creído que yo salí de Dios” (Juan 16:27). Véanse también Juan 20:2; 1 Corintios 16:22; Apocalipsis 3:19.
Ciertamente, el amor expresado en estos versículos no carece de nada; transmite un vínculo emocional y sincero, lleno de afecto.
En nuestro caminar diario como cristianos, tú y yo debemos manifestar tanto el “agapao” como el “phileo” al expresar nuestro amor y compromiso en nuestra relación con Dios Padre, con Jesucristo y los unos con los otros como seres humanos.
Permítame sugerirle que, durante las próximas fiestas de otoño, incluida la Fiesta de los Tabernáculos, se asegure de dedicar el tiempo tan necesario a la oración y de reflexionar sobre lo que Cristo nos enseñó a todos a través de esta interacción registrada entre Él, como nuestro Salvador, y Pedro.
¡Amigos, brazos arriba! Nuestras oraciones y pensamientos están con ustedes todos los dias. Por favor, oren por nosotros.